Subscribe to our RSS feedrss

P. Gamus »

Como un ocho
Paulina Gamus

Sábado, 15 de mayo de 2010

Quizá por la lejanía o porque estamos inmersos en asuntos mucho más urgentes, los venezolanos nos hemos interesado muy poco por la Expo Shangai 2010 a la que concurren 195 países. Todos procuraron construir pabellones espectaculares con el concurso de sus mejores arquitectos y con el fin de promover sus bondades turísticas y comerciales. China se embarcó en ese esfuerzo por su aspiración de transformarse en la segunda economía del mundo, lugar que actualmente ocupa Japón. Expo Shangai 2010 fue convocada con el tema “mejor ciudad, mejor vida”. He visto por Internet las fotografías y temática de los pabellones más destacados, por su originalidad y sus ofertas, y quisiera detenerme en dos: Colombia porque es un país latinoamericano con características similares al nuestro, e Israel porque se trata de un país fundado hace sólo 62 años, con una población aluvional y heterogénea que hoy llega apenas a siete millones de almas.

En diciembre del año pasado el vicepresidente colombiano, Francisco Santos Calderón, anunció la participación de su país en Expo Shanghai con estas palabras: “Es la mejor oportunidad que tienen nuestros empresarios para vender sus productos en China y en los demás mercados mundiales. Durante 184 días nos mostraremos ante el mundo como una nación con un alto potencial de negocios. La participación es un gran logro, nuestro país había desistido de ir por falta de recursos y conseguimos organizar y financiar la iniciativa mediante una alianza exitosa entre el Gobierno y el sector privado”. El empresario Gustavo Gaviria Ángel, gestor del proyecto y designado por el Presidente Uribe como Embajador Extraordinario en Misión Especial para Expo Shanghai, declaró que Colombia tendría un pabellón situado estratégicamente al lado de los pabellones de Estados Unidos, Brasil, Canadá y México. “…Expo Shanghai 2010 significa para el país -no sólo acceder al mercado más grande del mundo, China- sino el escenario para exhibirse ante 70 millones de visitantes, 195 países, 50 organizaciones internacionales, jefes y ministros de Estado, altos directivos de empresas privadas, líderes mundiales en temas de desarrollo urbano, medios de comunicación locales e internacionales, autoridades nacionales y locales y la presencia del sistema financiero internacional….”. El empresario Gaviria hizo mención de los organismos públicos y empresas privadas que financiaron la participación colombiana y agregó: “Quien quiera realizar negocios con China deberá estar presente en Expo Shanghai 2010”. El costo del pabellón fue de diez millones de dólares.

El Pabellón de Israel representa la forma de dos manos entrelazadas, una simbolizando la innovación israelí y la otra, la tecnología israelí. La forma del pabellón también sugiere el diálogo entre la humanidad y la naturaleza, la tierra y el cielo, así como el pasado y el futuro. Consta de tres áreas: el “Jardín Susurrante” que es un huerto verde a la entrada del edificio donde los árboles “susurran” en inglés y chino a los visitantes. El “Salón de la Luz” tiene una pantalla de 15 metros de altura en la que se proyectan películas que ponen de relieve las innovaciones y logros tecnológicos del país. La pieza central es el “Salón de la Innovación” donde un espectáculo audiovisual da la bienvenida a los visitantes con las conversaciones grabadas de niños, científicos, médicos e inventores israelíes, sobre sus esperanzas para un futuro mejor. El costo fue de seis millones de dólares.

Agregamos muy someramente lo fundamental de otros pabellones: Perú tiene uno de los restaurantes más llamativos de la Feria gracias al boom que de la cocina peruana. Así se promueve como un destino turístico y gastronómico. Bélgica cuenta con una mini fábrica de chocolates que obsequian a los visitantes, y un “reino del diamante’, una fábrica donde se regalarán 26 diamantes cada semana hasta que termine la Expo. Australia trasladó más de mil vacas Holstein para proveer de leche fresca a todos los visitantes durante los seis meses que dura el evento.

¿Y Venezuela? ¡Ayyyy Venezuela! Parece que el pabellón que iba a costar 9 millones de dólares subió a 15 y no se sabe si pasó de 20, ya que fue inaugurado sin terminar y hasta la fecha no ha abierto sus puertas al público. Por supuesto que el dinero salió de la petrochequera que el caudillo en jefe maneja a su antojo y sin dar cuentas. ¿Y qué se les muestra a los millones de visitantes de la exposición? Lo que sigue es tomado de la Agencia Bolivariana de Noticias, por si a las moscas: “Venezuela muestra en la Expo Shanghai su legado indígena. El pabellón tiene seis niveles, resaltando en su construcción un shapono usado por etnias entre ellos los yekuana, una réplica de la Plaza Bolívar y un auditorio. Tendrá como objetivo mostrar los cambios del país tras 11 años del gobierno del presidente Hugo Chávez”. El viceministro de Relaciones Exteriores para Asia, Medio Oriente y Oceanía, Temir Porras, explicó que el pabellón se propone mostrar la “transformación profunda” del país. De manera revolucionaria Venezuela proyecta un modelo de vida, un conjunto integral de valores, una política alternativa orientada a la socialización y democratización de la ciudad y del hábitat’.

Y ahora viene lo bueno de Temir: “Venezuela no vende en Expo Shangai 2010 al país de la bondades turísticas o de las innovaciones tecnológicas, sino que se centra en temas como la cooperación, revolución, identidad, empoderamiento, humanismo, inclusión, sustentabilidad y crecimiento…”. En ese mismo acto el flamante promotor de los logros de la revolución bolivariana, pero despectivo con cualquier ingreso que provenga del turismo o de las inversiones extranjeras, anunció que el 5 de julio ocurriría el evento más importante: el concierto de la Sinfónica Juvenil Simón Bolívar bajo la dirección de Gustavo Dudamel. ¡Que cosa! Lo mejor, según el camarada Porras, es la única obra de las cuatro décadas de democracia que la revolución chavista no se ha atrevido a destruir.

El pabellón venezolano tiene la forma de un ocho: por las ocho estrellas de nuestra bandera y por ser el número de la suerte en China. Allá los chinos si lo consideran su número de suerte porque en el hablar venezolano, “volverse un ocho” es encontrarse en una situación de enredo de la que es muy difícil salir. Se ignora el nombre del o los arquitectos que idearon esa estructura bastante chata y desangelada, pero su obra parece una traición del subconsciente. ¿Acaso hay alguien más vuelto un ocho que la revolución chavista en estos días aciagos? El dólar se les dispara, la inflación es imparable, la escasez los acogota, la delincuencia los sobrepasa, la violencia callejera los desenmascara. El deterioro de las ciudades es no solo físico y ambiental sino humano, la catadura antidemocrática de Chávez es vox populi en el mundo, como corruptos no hay quien les gane y cada vez les cuesta más cara la compra de conciencias y de votos. De los 70 millones de personas que se estima visitarán Expo Shangai 2010, el 95% serán chinos, segurito quedan fascinados con la revolución bolivariana del Mao caribeño. Como si no estuvieran curados de espanto y horror.

paugamus@intercable.net.ve


 Powered by Max Banner Ads 

Para Buscar aqui »

Edición de Papel en-línea »

Twitter Noticias y Periodistas »

Busqueda »

advertisement
6